Los Robots no se contagian

Ignacio Ruelas

11-06-2020


La pandemia transforma nuestros modos de convivencia en sociedad. Además de su dramático impacto en la salud pública y en la economía que se documenta diariamente, produce miedos, ansiedades e incertidumbres sobre lo que va a pasar en todos los ámbitos de nuestra vida: el hogar, la escuela, el espacio público y los centros de trabajo.
    Con la caída de la actividad productiva, causada por el cierre -en el mejor de los casos temporal y, en el peor, definitivo- de empresas y la disminución del consumo, surgen profundas dudas sobre cómo se reconfigurarán las tareas en los centros de trabajo y al mismo tiempo lo que ello significará en términos de ocupaciones y empleo de las personas. Recordemos que el riesgo latente de contagio obliga, no solo a medidas de higiene, sino a procurar el distanciamiento, en especial en lugares cerrados.
    La crisis por Covid-19 sucede en un momento en el que los avances tecnológicos se dan de manera exponencial. La robótica, la inteligencia artificial, el big data y la automatización penetran la cotidianeidad, intensificando –en estos tiempos– la incertidumbre sobre las ocupaciones y tareas que actualmente desempeñan las personas, y que se anticipa pueden ser sustituidas en un futuro no muy lejano por estos avances tecnológicos.
    A propósito de esta emergencia se sospecha, con respaldo en evidencia, un fuerte incentivo en las empresas hacia la automatización de cada vez más tareas en los centros de trabajo. La intuición es que, derivado de los riesgos de contagio y la necesidad de acelerar la producción, las empresas opten por adoptar cambios tecnológicos acelerados. La justificación es que los robots pueden desempeñar tareas de alto riesgo y de contacto intensivo. Los robots no se contagian, se dice. Evidencia reciente muestra que a raíz de la crisis producida por esta pandemia, la incertidumbre laboral puede estimular la automatización en al menos dos sentidos: procurar el distanciamiento en los centros de trabajo y reactivar la economía a través de la demanda agregada (Leduc et al., 2020).
    Pero, previo a la pandemia, esta es una conversación que lleva mucho tiempo. Teórica y empíricamente se ha discutido bastante el reemplazo de la mano de obra. El consenso es que la sustitución sucede a un ritmo acelerado; mientras que el impacto, en número de empleos sustituidos, si bien se mantiene en plena batalla metodológica, es cada vez más aceptado que el cambio tecnológico y la automatización se presentan a una velocidad radicalmente distinta, como lo sugiere la investigación disponible: en el caso de Estados Unidos, estimaciones muestran que alrededor de 47% de las ocupaciones están en riesgo de ser automatizadas durante las próximas dos décadas (Frey & Osborne, 2016). Para el caso de América Latina, aunque la incorporación de tecnología se presume más lenta, la susceptibilidad a la automatización de empleos rondará entre 49% y 67% (Weller, 2017; World Bank, 2016).
    La eventual sustitución de personas viene por el lado de largos procesos de aprendizaje, e incluso de algunas de las capacidades cognitivas como el procesamiento, la memorización y la toma de decisiones que hasta hace poco eran consideradas como exclusivas de los seres humanos (Autor, 2015).
    Con los riesgos preexistentes, las dificultades y las tensiones que va dejando la pandemia (costos sociales y económicos), resulta previsible que distintos gobiernos nacionales de México y América Latina difícilmente estarán en condiciones de anticipar y prepararse para hacer frente a todos los efectos que traerá el cambio tecnológico y la devaluación de conocimientos.
    En un artículo reciente, Sergio Cárdenas y Raúl Valdés-Cotera (2020), señalan que la crisis global provocada por la diseminación del Covid-19 también nos ha recordado la gran brecha que existe entre el conocimiento necesario y el conocimiento disponible, pero, sobre todo, la necesidad de consolidar dentro de los sistemas educativos estructuras que permitan distribuir oportunidades de aprendizaje no formal e informal para preparar, constante, oportuna y rápidamente a toda la población no escolarizada (Cárdenas & Valdés-Cotera, 2020).
    Y es que los sistemas educativos juegan un rol fundamental para iniciar un proceso exitoso de adaptación. Está demostrado que sus efectos pueden variar dependiendo de la calidad de los sistemas educativos de los países. Lo que se sugiere es que la automatización resultará beneficiosa en la medida en que la calidad de la educación sea alta y los factores se ajusten al aumento de la productividad marginal del trabajo altamente especializado. En concreto, países como México pueden lidiar con la automatización fomentando en conjunto el aumento de la calidad del sistema educativo, orientando sus esfuerzos hacia el desarrollo de habilidades cognitivas, y de habilidades no cognitivas selectas, como la empatía y la creatividad (Kattan et al., 2018).
    La preocupación se centra entonces en cuáles son las habilidades que se requiere trabajar para preparar a nuestras niñas y niños con el fin de que puedan lidiar con la incertidumbre, superar el temor a la irrelevancia y sobreponerse a la devaluación de conocimientos. Preocupa también qué herramientas necesitarán para no quedar fuera del mercado laboral y cómo podrán adaptarse a los constantes cambios en los patrones de convivencia en sociedad. Aunado a esta preocupación, los avances tecnológicos acelerados mantienen el riesgo de que las desigualdades y la polarización entre la mano de obra especializada y no especializada aumenten en detrimento de la igualdad de oportunidades y la cohesión social.
    La crisis sanitaria, entre otras muchas cosas, también deja en claro el dominio que la esfera pública ha desarrollado para producir diagnósticos. Hay muchos diagnósticos, bien justificados e incluso bien comunicados. Lo contrario sucede a la hora de conversar sobre soluciones. Son pocas y siempre complejas. El caso de la automatización y las habilidades que se requieren y requerirán no es la excepción. Sin embargo, no debe dejar de reconocerse que existe un trabajo previo y bien fundado de expertos en educación que, contemplando estos cambios acelerados, recomiendan orientar los procesos de enseñanza hacia las habilidades comunicacionales, de colaboración, de pensamiento crítico y de estímulo a la creatividad (Pellegrino & Hilton, 2013).
    Finalmente, vale agregar que el avance exponencial de la tecnología trae consigo profundos desafíos en la adaptación y el uso que las niñas y los niños le dan a los nuevos dispositivos y la enorme cantidad de información disponible. Sin habilidades para buscar, interpretar, discernir y crear valor con la información y las nuevas tecnologías, estamos condenando a la niñez a ser cada vez más manipulada (Zuboff, 2020), sin brindarles la más mínima opción de elegir si quieren mantener autonomía en cuanto a sus emociones, deseos y decisiones de vida.
    En conclusión, los tiempos de pandemia y el posible aumento de la automatización refuerzan la necesidad de que las niñas y niños aprendan a lidiar con el cambio constante, de que desarrollen capacidades para aprender cosas nuevas, de ejercer autocontrol en situaciones desconocidas, de elegir el sentido que se le da al uso de las nuevas tecnologías, así como de empatizar con las condiciones y dificultades que la otra persona enfrenta.

Bibliografía utilizada

Autor, D. H. (2015). Why are there still so many jobs? the history and future of workplace automation. Journal of Economic Perspectives, 29(3), 3–30. https://doi.org/10.1257/jep.29.3.3
Cárdenas, S., & Valdés-Cotera, R. (2020). La educación a lo largo de la vida en los próximos años | Distancia por tiempos. https://educacion.nexos.com.mx/?p=2262
Frey, C. B., & Osborne, M. A. (2016). The future of employment: How susceptible are jobs to computerisation? Technological Forecasting and Social Change, 114, 254–280. https://doi.org/10.1016/j.techfore.2016.08.019
Kattan, R. B., Macdonald, K., & Patrinos, A, H. (2018). Automation and Labor Market Outcomes: The Pivotal Role of High-Quality Education. Policy Research Working Paper - World Bank, June. https://doi.org/10.1596/1813-9450-8474
Leduc, S., Liu, Z., & Francisco, S. (2020). Can Pandemic-Induced Job Uncertainty Stimulate Automation? https://doi.org/10.24148/wp2020-19
Pellegrino, J. W., & Hilton, M. L. (2013). Education for life and work: Developing transferable knowledge and skills in the 21st century. In Education for Life and Work: Developing Transferable Knowledge and Skills in the 21st Century. https://doi.org/10.17226/13398
Weller, J. (2017). Las transformaciones tecnológicas y su impacto en los mercados laborales (No. 190; Macroeconomía Del Desarrollo, CEPAL).
World Bank. (2016). World Development Report 2016: Digital Dividends (Vol. 66). https://www.worldbank.org/en/publication/wdr2016
Zuboff, S. (2020). The age of surveillance capitalism: The fight for a human future at the new frontier of power. Yale Law Journal. https://doi.org/10.1093/sf/soz037


 
 

“If we teach today’s students as we taught yesterday’s, we rob them of tomorrow.”

John Dewey