La evaluación en las aulas después del cierre

Ignacio Ruelas

02-06-2020


La semana pasada, el Secretario de Educación Pública, Esteban Moctezuma, señaló que Aprende en Casa finaliza el próximo 5 de junio, detallando que la conclusión de los trabajos de carga administrativa de los docentes, así como para la evaluación de las y los alumnos de Educación Básica, correspondiente al ciclo escolar 2019-20, deberá presentarse el 6 de julio. Agregó que, además del protocolo de higiene y prevención correspondiente (distancia, detección temprana, higiene), se trabajará en la parte socioemocional de los profesores y estudiantes. La fecha referencial para la vuelta a clase, siempre y cuando el semáforo esté en verde, es el próximo 10 de agosto. 

Al respecto, quizá debido a la incertidumbre que produce la pandemia y el estado actual que guarda en la mayoría de los estados, aún quedan muchas dudas sobre el proceso de reapertura de escuelas, sobre todo a lo que refiere a los procesos de enseñanza en las aulas y de evaluación para cerrar el ciclo escolar. Aunado a eso, vale poner en la mesa las complejidades que el sistema educativo nacional enfrenta, no solo asociados a los costos de la pandemia, sino también a la descoordinación que se percibe dadas las reacciones y disposiciones que han emanado de algunos gobiernos estatales.

Es mucho lo que está en juego derivado de esta pandemia, pero sin duda lo que más preocupa es la recuperación de los aprendizajes perdidos y la continuidad de las trayectorias educativas de los estudiantes. Por ello, las políticas de evaluación, repetición o promoción escolar se vuelven un tema trascendental que debe ser discutido a la brevedad.

Lo que se sabía sobre la repetición y promoción antes de COVID 19

En otras circunstancias -distintas a la de esta pandemia-, la evidencia sobre las políticas de evaluación para la retención o promoción escolar tiene distintas perspectivas según la temporalidad propia del diseño de los estudios. En el corto plazo, la retención ha mostrado producir resultados positivos en el rendimiento de los estudiantes, sobre todo en los conocimientos que se miden en pruebas estandarizadas. En el largo plazo, en contraste, la retención escolar ha mostrado tener repercusiones negativas en la autoconfianza de los estudiantes, en sus trayectorias educativas (a través del abandono escolar), así como en el acceso al mercado laboral.

Así pues, la forma en que se evalúe y la retención o promoción que deriven de ello pueden impactar directamente en las trayectorias de vida de los estudiantes. En esto reside la importancia de no dejar de lado su discusión.

Lo que están haciendo otros países

Con el cierre de escuelas, los países han adoptado una variedad de estrategias de evaluación del ciclo escolar, entre las que destacan: la cancelación, el aplazamiento, la evaluación en línea, la realización de cambios especiales en las pruebas, así como el uso de enfoques alternativos para la validación y certificación de los cursos.

En una encuesta reciente destaca que en países desarrollados como es el caso específico de Alemania, se ha establecido un sistema de evaluación en línea, dadas las condiciones propicias en los hogares de acceso tanto a un dispositivo como a internet. En Suecia, se ha optado, en contraste, por cancelar los exámenes nacionales, introduciendo lineamientos alternativos para la evaluación.  En otros países, como Mongolia e Indonesia, de igual forma, se han cancelado las evaluaciones finales para todos los grados, excepto aquellos relacionados con la graduación de un nivel educativo (UNESCO, 2020)[1].

En el ámbito sub-nacional destacan las medidas tomadas para las escuelas de Nueva York, en donde se mantienen los estándares de evaluación, no obstante se flexibilizaron criterios según las necesidades de cada estudiante. La siguiente tabla muestra los principales aspectos según el grado escolar:


Algunas recomendaciones

Las decisiones que a nivel sistema o a nivel escuela se tomen respecto a la evaluación de los estudiantes será determinante para sus trayectorias educativas. Es mucho lo que se juega. Se sabe que no todos los estudiantes tuvieron las mismas condiciones para aprender en casa, no todos contaron con el material, los dispositivos, el acceso a internet, e incluso la motivación por parte de los padres para estudiar en el hogar.

Dada estas circunstancias, el proceso de apertura y reapertura debe ser excepcional y centrado en la recuperación de los aprendizajes perdidos, reorientando los objetivos de evaluación hacia la detección de lo que se perdió y de quiénes perdieron más, así como en la motivación y autoconfianza de los estudiantes, especialmente de aquellos más vulnerables. En efecto, conviene adoptar criterios flexibles de evaluación, que sean complementados con periodos extraordinarios de recuperación, seguimiento y apoyo, con la finalidad de evitar que las desigualdades de aprendizaje aumenten y, en el peor de los casos, que se interrumpan las trayectorias educativas de los estudiantes que quedaron en desventaja.


“If we teach today’s students as we taught yesterday’s, we rob them of tomorrow.”

John Dewey